La Vida comienza al final de tu zona de confort

Definitivamente casi todos los seres humanos anhelamos una tranquilidad, una estabilidad en nuestras vidas, la certeza de que nuestras necesidades están cubiertas y que podamos desenvolvernos como pez en el agua en nuestras vidas… Esta es nuestra zona de confort, suena interesante, el detalle es que muchas veces nuestra zona de confort no es tan placentera como ésta y de confortable no tiene mucho. Solo se limita a ser la zona en la cual no tenemos que hacer mucho esfuerzo para sobrevivir y todo se mueve a través de una fuerza inercial.


Resulta que la mayoría de las veces cuando la rutina nos arropa, cuando nos despertamos todos los días haciendo exactamente lo mismo, cuando nuestros proyectos, en caso de que existan son estáticos y sin mucho sabor, nos vemos sumergidos en una especie de agujero que nos consume, que nos ata y no nos permite ver las millones de posibilidades que tenemos de surgir, de explotar nuestros talentos, de revitalizarnos, de inspirarnos y de vivir más allá de lo que conocemos.


Evalúa tu vida, da un vistazo a tu alrededor. ¿Estás donde quieres estar? ¿Estás haciendo algo para llegar a donde quieres ir? Si estás donde quieres estar, ¡perfecto! Si te sientes bien haciendo lo que haces, ¡perfecto! Si estás encaminado a tu meta, sin dejar de disfrutar cada momento que te conduzca a ella, ¡perfecto! El problema se forja cuando no nos sentimos bien, cuando queremos algo más, cuando vemos a nuestro alrededor y no nos gusta lo que vemos, cuando no tenemos norte, cuando nos paralizamos… ¡Aquí es cuando tenemos que activarnos y dar ese salto!


El salto que nos saque de esa zona de confort conocidísima por nosotros, que nos haga despertarnos con ilusión, ese alimento para el alma, que se convierte en nuestro motor, en donde la adrenalina nos invade por momentos solo por el sencillo hecho de imaginarnos el cambio o una situación potencial.


La vida pasa rápido, es una lástima desperdiciar nuestro tiempo dedicándoselo a algo que no nos gusta lo suficiente, a una persona que no amamos, a algo que no nos hace sonreír… Vivir con pasión, hacer lo que nos gusta, descubrirlo si es preciso, es lo que nos da lo que realmente nos llena de satisfacción, esa tranquilidad de que tenemos un propósito y que nuestros días pueden ser fuertes, pueden inclusive ser incómodos, pero si nos acercan a donde queremos estar siempre serán buenos días.


Fuente: "Rincón del Tibet"

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